19.04.2013
Según amanecemos y salimos de la furgoneta, primera sorpresa. MULTAZA.

Sí amigos, nos han clavado una multa de 200 NZD (133€) por hacer “freedom camping” en una zona no permitida, y encima con un vehículo que no es “self-contained”. Pero vamos por partes…

El caso es que incumplíamos doblemente la ley neozelandesa. Estábamos fuera de la zona permitida, pero además no tenemos retrete, así que zas, multita. Para más inri, la multa está puesta a las 7:15, cuando llevábamos un rato despiertos. El tipo podría haber tocado a la “puerta” y preguntado…
Tenemos también que “darle las gracias” –entiéndase de manera sarcástica- al francés de “Lucky Rentals”. Nos podía haber avisado de las ventajas de tener un “toilet” a bordo cuando nos ofreció el trono portátil al recoger la furgoneta. Total, a pagar y mal rollo. Si a la mala noche que había pasado le sumamos la multa, las ganas de hacer “bungee jumping” se han esfumado y ponemos rumbo a Te Anau, la entrada al estado de Fiordland.
En el camino, primero habrá que parar en el lago Wakatipu, que como ya comenté en la entrada anterior, baña la ciudad de Queenstown.

El lago cuenta con una extensión de 291 kilómetros cuadrados y una longitud de 80, y como se aprecia en la foto, impresiona.

Siguiendo la carretera llegamos a Manapouri, pueblo que parece ya sumido en el profundo invierno, ya que nos ha cambiado completamente el clima.

De ahí seguimos hasta Te Anau, parando a informarnos primero en la oficina de turismo sobre la ruta a Milford Sound, así como de las distintas rutas de senderismo que se encuentran en el camino. Daniela, una suiza de origen afincada en esta “ciudad” nos atiende muy amablemente, explicándonos las rutas que tenemos de camino a Milford Sound, que es a donde en realidad nos dirigimos. En Te Anau, poco hay que hacer. Un paseíto por los alrededores del lago y poco más, puesto que el día no acompaña demasiado.


Desde Te Anau pondremos rumbo al camping de Henry Creek, 25 kilómetros al norte siguiendo la Milford Road, para pasar la noche. Tras la lección aprendida en Queenstown, va a ser que no vamos a volver a dormir tirados. Merece la pena pagar los 6 NZD que cuesta dormir en uno de los campings mantenidos por el DOC (“Department Of Conservation”) y que, aunque sólo cuenten con mesas de pícnic y aseos (de duchas ni hablamos), ofrecen seguridad ante el ataque de los agentes de seguridad neozelandeses y sus multas.
Ah, y una foto del lugar donde vamos a dormir:

Según amanecemos y salimos de la furgoneta, primera sorpresa. MULTAZA.
Sí amigos, nos han clavado una multa de 200 NZD (133€) por hacer “freedom camping” en una zona no permitida, y encima con un vehículo que no es “self-contained”. Pero vamos por partes…
- Freedom camping: dícese de parar a dormir con su furgoneta o vehículo fuera de un camping, es decir, donde le plazca en la vía pública.
- Vehículo “self-contained”: aquellos vehículos que cuentan con WC a bordo. La traducción al español la desconozco así que si alguno de los lectores es experto en lides campistas lo puede poner en los comentarios

El caso es que incumplíamos doblemente la ley neozelandesa. Estábamos fuera de la zona permitida, pero además no tenemos retrete, así que zas, multita. Para más inri, la multa está puesta a las 7:15, cuando llevábamos un rato despiertos. El tipo podría haber tocado a la “puerta” y preguntado…
Tenemos también que “darle las gracias” –entiéndase de manera sarcástica- al francés de “Lucky Rentals”. Nos podía haber avisado de las ventajas de tener un “toilet” a bordo cuando nos ofreció el trono portátil al recoger la furgoneta. Total, a pagar y mal rollo. Si a la mala noche que había pasado le sumamos la multa, las ganas de hacer “bungee jumping” se han esfumado y ponemos rumbo a Te Anau, la entrada al estado de Fiordland.
En el camino, primero habrá que parar en el lago Wakatipu, que como ya comenté en la entrada anterior, baña la ciudad de Queenstown.
El lago cuenta con una extensión de 291 kilómetros cuadrados y una longitud de 80, y como se aprecia en la foto, impresiona.
Siguiendo la carretera llegamos a Manapouri, pueblo que parece ya sumido en el profundo invierno, ya que nos ha cambiado completamente el clima.
De ahí seguimos hasta Te Anau, parando a informarnos primero en la oficina de turismo sobre la ruta a Milford Sound, así como de las distintas rutas de senderismo que se encuentran en el camino. Daniela, una suiza de origen afincada en esta “ciudad” nos atiende muy amablemente, explicándonos las rutas que tenemos de camino a Milford Sound, que es a donde en realidad nos dirigimos. En Te Anau, poco hay que hacer. Un paseíto por los alrededores del lago y poco más, puesto que el día no acompaña demasiado.
Desde Te Anau pondremos rumbo al camping de Henry Creek, 25 kilómetros al norte siguiendo la Milford Road, para pasar la noche. Tras la lección aprendida en Queenstown, va a ser que no vamos a volver a dormir tirados. Merece la pena pagar los 6 NZD que cuesta dormir en uno de los campings mantenidos por el DOC (“Department Of Conservation”) y que, aunque sólo cuenten con mesas de pícnic y aseos (de duchas ni hablamos), ofrecen seguridad ante el ataque de los agentes de seguridad neozelandeses y sus multas.
Ah, y una foto del lugar donde vamos a dormir:
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