25.04.2013
Y hoy sí, amigos. Ha llegado el día de adentrarse en el glaciar. Empezando por lo básico, ¿sabéis todos lo que es un glaciar?
Bueno, un glaciar es una masa de hielo originada en la superficie terrestre por acumulación, compactación y recristalización de la nieve, mostrando evidencias de flujo en el pasado o en la actualidad. O eso dice la Wikipedia.
En este caso, el glaciar de Fox, sito en la localidad del mismo nombre, cuenta con 13 kilómetros de longitud y desciende desde una altitud de 2600 metros, en los Alpes del sur, hasta la costa. Es, además, uno de los glaciares más accesibles del mundo, y en temporada alta lo visitan unas 1000 personas al día.
A primera hora pues nos dirigimos a Fox, dispuestos a participar en el tour de día completo. En un principio nos habíamos planteado hacer un tour de medio día, pero el tiempo que permite estar en el glaciar es muy poquito, por lo que cambiamos de opinión. A aquellos que alguna vez vengáis por aquí, no puedo otra cosa que recomendaros el que hicimos nosotros.

Tras el informe pre-expedición nos montamos en un autobús y ponemos rumbo al glaciar. Somos unas 22 personas, que nos dividiremos en dos grupetes, cada uno con su guía.
Primero ascenderemos por la ladera del glaciar, con la intención de alcanzar cierta altura antes de adentrarnos en el mismo. Caminata agradable, contándole mi vida a la guía, pasando entre arbustos y acantilados.


Entre que vamos de charla con el resto de excursionistas, los españoles, como siempre, haciendo el payaso.

Una vez ascendida la ladera y pasado el correspondiente acantilado, cruzamos al borde del glaciar. ¡Ya estamos más cerca!


Y caminando por el lateral del glaciar, llega el momento de equiparnos. Ropa impermeable y crampones para caminar por el hielo.
De momento no llueve, pero se nota ya la diferencia de temperatura en cuanto nos vamos acercando al hielo. Y por otro lado, los crampones, que parecen sacados de un baúl de trastos viejos, nos serán totalmente necesarios, ya que si no más de uno acabaría bajando el glaciar sentado sobre sus posaderas.
Con todo ello ya podremos decir bien alto que ¡estamos listos para la aventura!

La ascensión al glaciar es espectacular.
Empezando desde el primer minuto. Increíble la manera en la que los guías y demás empleados de la compañía van abriendo camino entre el glaciar. Aunque llevemos crampones que nos permiten movernos por la superficie helada, no estamos acostumbrado a la misma, así que no nos viene mal un poco de ayuda.
¿Y qué decir del glaciar? Es una auténtica belleza. Muchos habréis estado en la nieve innumerables veces, pero la sensación de caminar por el hielo sujeto por los crampones, esa especie de suela con pinchos que se coloca debajo del calzado, es increíble. El hielo, además, no está creado a partir de agua congelada si no que se ha creado a base de capas de nieve que se han ido compactando, dando lugar a un espectáculo visual difícil de ver en otras partes del mundo.
El hielo, además, no tiene un color uniforme. Va formando diferentes capas, cada una con sus distintos colores en función de la cantidad de aire que se haya quedado atrapado en su interior.
Anna, nuestra guía, se gana el sueldo desde luego. Igual que otros guías en cualquier otra circunstancia podrían dedicarse a seguir el camino preestablecido y estar de vuelta cuanto antes, ella se ha propuesto enseñarnos todas aquellas cosas que hacen diferente al glaciar, intentando mostrarnos grietas impresionantes, los llamados “molinos” del glaciar, arcos, rocas, formas peculiares, de manera que nuestra experiencia sea lo más gratificante posible.
Y hoy sí, amigos. Ha llegado el día de adentrarse en el glaciar. Empezando por lo básico, ¿sabéis todos lo que es un glaciar?
Bueno, un glaciar es una masa de hielo originada en la superficie terrestre por acumulación, compactación y recristalización de la nieve, mostrando evidencias de flujo en el pasado o en la actualidad. O eso dice la Wikipedia.
En este caso, el glaciar de Fox, sito en la localidad del mismo nombre, cuenta con 13 kilómetros de longitud y desciende desde una altitud de 2600 metros, en los Alpes del sur, hasta la costa. Es, además, uno de los glaciares más accesibles del mundo, y en temporada alta lo visitan unas 1000 personas al día.
A primera hora pues nos dirigimos a Fox, dispuestos a participar en el tour de día completo. En un principio nos habíamos planteado hacer un tour de medio día, pero el tiempo que permite estar en el glaciar es muy poquito, por lo que cambiamos de opinión. A aquellos que alguna vez vengáis por aquí, no puedo otra cosa que recomendaros el que hicimos nosotros.
Tras el informe pre-expedición nos montamos en un autobús y ponemos rumbo al glaciar. Somos unas 22 personas, que nos dividiremos en dos grupetes, cada uno con su guía.
Primero ascenderemos por la ladera del glaciar, con la intención de alcanzar cierta altura antes de adentrarnos en el mismo. Caminata agradable, contándole mi vida a la guía, pasando entre arbustos y acantilados.
Entre que vamos de charla con el resto de excursionistas, los españoles, como siempre, haciendo el payaso.
Una vez ascendida la ladera y pasado el correspondiente acantilado, cruzamos al borde del glaciar. ¡Ya estamos más cerca!
Y caminando por el lateral del glaciar, llega el momento de equiparnos. Ropa impermeable y crampones para caminar por el hielo.
De momento no llueve, pero se nota ya la diferencia de temperatura en cuanto nos vamos acercando al hielo. Y por otro lado, los crampones, que parecen sacados de un baúl de trastos viejos, nos serán totalmente necesarios, ya que si no más de uno acabaría bajando el glaciar sentado sobre sus posaderas.
Con todo ello ya podremos decir bien alto que ¡estamos listos para la aventura!
La ascensión al glaciar es espectacular.
Empezando desde el primer minuto. Increíble la manera en la que los guías y demás empleados de la compañía van abriendo camino entre el glaciar. Aunque llevemos crampones que nos permiten movernos por la superficie helada, no estamos acostumbrado a la misma, así que no nos viene mal un poco de ayuda.
¿Y qué decir del glaciar? Es una auténtica belleza. Muchos habréis estado en la nieve innumerables veces, pero la sensación de caminar por el hielo sujeto por los crampones, esa especie de suela con pinchos que se coloca debajo del calzado, es increíble. El hielo, además, no está creado a partir de agua congelada si no que se ha creado a base de capas de nieve que se han ido compactando, dando lugar a un espectáculo visual difícil de ver en otras partes del mundo.
El hielo, además, no tiene un color uniforme. Va formando diferentes capas, cada una con sus distintos colores en función de la cantidad de aire que se haya quedado atrapado en su interior.
Tras la primera parte de la ascensión comienza a llover. Parece que el día, con lo bien que había empezado, se estropea.
Pero es una falsa alarma y, aunque nos cae un poquito de agua, no es comparable al “diluvio universal” que sufrimos el día anterior (confróntese el post anterior y la foto de los pollos). Así pues, seguimos con nuestro ascenso.
Así pues, tras unas cuatro horas caminando por el glaciar, toca descender y bajar al mundo real.
Ha sido una experiencia increíble. Una sensación que en pocas partes del mundo se puede conseguir. Una de las cosas que no podéis dejar pasar si venís a Nueva Zelanda. Definitivamente, ha merecido la pena.
Y con un último saltito, tras recoger nuestro diploma, nos vamos a descansar que ha sido un día intenso.
Maravillosas fotos del glaciar. ¡Quien pudiera experimentar las mismas sensaciones! Sigue disfrutando.
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