17.02.2013
La
ciudad más importante de Holanda, que no capital, se cruza en mi camino como
primera parada del viaje y puerta de entrada a lo desconocido. Se cruza porque
era una opción barata y además así aprovechaba para ver a dos amigos (un placer
Raquel y Emilio), antes de comenzar la verdadera aventura.
Esta
vez no ha habido grandes rutas turísticas, juergas, “juergas”, blablablá.
Simplemente llegué a Schiphol –aeropuerto de Ámsterdam- (por 2439492348923423
vez), me colé en el tren de alta velocidad (a ver, no me colé colé, sólo que no
había pagado el suplemento por el supermegahiperguay tren “Fyra”) y llegué a
Amsterdam Centraal, la estación de tren principal de la ciudad situada en la
parte norte.
Tras un breve paseíto hasta la plaza Dam, nos fuimos a comer por
la zona del centro, cerca de ese barrio que todos sabéis. Sí, ése que empieza
por “r” y acaba por “ojo”. ¿Verdad que no era tan difícil? Sí, es cierto que en
Ámsterdam las prostitutas están en los escaparates, ¡pesados!
De ahí
cafelito al solecito en una terracita. Tampoco es que
hiciera el día del siglo, pero viniendo de Berlín/Finlandia, con el
“””””””maravilloso”””””” tiempo que teníamos por aquellas tierras, creedme que
era una bendición.
Como
veis, no ha sido más que una parada técnica aprovechando para saludar, pero si
algún día tengo un blog serio de viajes, o
vaya usted a saber de qué, escribiré una reseña más larga sobre la
ciudad. Eso sí, el nombre ya se me ha ocurrido:
“Ámsterdam:
algo más que putas y porros”
No hay comentarios:
Publicar un comentario