miércoles, 20 de febrero de 2013

Delhi

20.02.2013 
Bienvenidos al aeropuerto internacional Indira Ghandi. De momento todo normal, como cualquier aeropuerto del mundo. Y tengo vistos unos cuantos... 

Pasar el control de pasaporte, aduana, equipaje, todo suaaaave, sin problemas. Saco 800 millons de rupias (sí, vale, estoy exagerando), valiendo 1€ = 72 rupias aproximadamente. Mi consejo: sacar directamente en los múltiples cajeros de la terminal de llegadas. Las casas de cambio cambiaban a 67 rupias por euro, así que echad cuentas vosotros que tenéis estudios.

Al salir me recoge... el señor X. Llamémosle así porque básicamente no me acuerdo de su nombre. Tenía pensado ir en metro hasta la estación de Nueva Delhi, pero un compañero indio me había dicho que había huelga y pudiera ser que no funcionaran los transportes. Por eso decidí pedir el servicio de recogida del “hotel”.
Gran idea. Si no lo llego a pedir, todavía estaría perdido por Delhi o habría sido estafado 254 veces.




El caso es que me monto en el…¿vehículo? del señor X. Pseudofurgoneta rabuda estallada, que no tira ni pedos y que suena como una lavadora con ruedas. Allá vamos, sr. X y servidor, por una ciudad reventada, sucia, esquivando perros muertos, vacas, cabras, bicicletas, niños… Toda una experiencia extrasensorial (Enrique Iglesias la denominaría religiosa) para ir preparándome para el shock. Entre medias, paramos a echar gas en una “gasolinera”, haciéndome sr. X bajarme de la lavadora rodante porque dice que es peligroso. O eso le entiendo, porque el inglés que hablan por aquí es de todo menos inteligible.


De ahí llegamos a Paharganj. Ése es mi barrio. Como de costumbre, la elección… fetén. Hábitat de backpackers, mercaderes, tatuadores de henna, perros, vacas… y miseria. Mucha miseria. Es de noche y no se aprecia del todo, pero empiezo a tomar ligera nota de dónde estoy y de lo que ello conlleva.



Dicho esto, sr. X me deja en el “hotel”, me dan la llave y me voy a cenar. En el bloque de enfrente, plato de daal frito, naan, chai, y a dormir.

Mañana será otro día. 


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