jueves, 21 de febrero de 2013

Delhi, primeros pasos (temblorosos)

 
21.02.2013
He dormido poco. Entre los nervios, el shock, los ladridos y los mosquitos no me han dejado tranquilo. Mi habitación, espartana, está en el bajo, con lo que si de por sí Delhi es una ciudad ruidosa, todo se maximiza.
Subo a desayunar a la azotea, en la que tienen montado un changarrín para dar desayunos, incluidos en los 9€ que cuesta la habitación. Sandwich de tortilla, corn flakes, plátano, café y zumo. Podría ser peor.

Con las pilas cargadas me pongo en marcha. Al salir al Main Bazaar, la principal calle de Paharganj… en toda la cara. Hordas de personas, vendedores, auto-rickshaws, rickshaws, representantes de agencias de viajes, timadores. Ruidos, olores, ¿sabores?

 
 
 

 
 
Como puedo, consigo llegar a la estación de tren. Si venís algún día no hagáis caso de todos los personajes que os digan que la oficina para extranjeros está cerrada. Funciona, y a pleno rendimiento. Sólo quieren estafaros, ya que, queridos amigos, en este país somos carteras con patas.
Así que una vez llego a la oficina, con la intención de preguntar por billetes a Agra y a Japur, diviso entre la multitud un pasaporte español –Irati, nunca leerás esto pero muchas gracias. Si no hubiera sido por ti todavía estaría esperando-.
Tras una horita, ¡bingo! Ya tenía mis billetes para Agra y Jaipur, en Uttar Pradesh y Rahjastan respecticamente, los próximas paradas de mi viaje.
Tomando un soplo de aire (que no fresco), pongo camino a Old Delhi.

En Metro, por supuesto.

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